October 15, 2019

September 17, 2019

February 8, 2019

Please reload

Entradas recientes

Nuestra reparación

February 8, 2019

1/10
Please reload

Entradas destacadas

‘A mí me mataron cuando me violaron’: Ángela Escobar

May 18, 2017

A Ángela María Escobar Vásquez le gusta bailar. ¿A cuál colombiana no? En su caso, ese placer le costó la vida. “Por eso me mataron, me violaron”, dice ella.

El ataque ocurrió en la noche del martes 26 de septiembre del año 2000 en su propia cama, en su casa de Guatapé, oriente de Antioquia. Tenía 35 años y entonces trabajaba en la oficina municipal de desarrollo a la comunidad. Minutos antes de la agresión se había bañado con jabón perfumado y puesto una piyama blanca de flores rosadas. Fue la última vez que se sintió bonita.

Aunque las cosas no habían terminado bien con los dos hombres que hasta ese momento había amado y con los que tuvo dos hijos –Diego Alexánder y Jaime Andrés–, se sentía una mujer feliz. “Algún día encontraré a mi príncipe azul”, solía decir con buen humor. Pero este no llegó.

Los que sí arribaron a su vida fueron los paramilitares del Bloque Metro de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), al mando de Carlos Mauricio García Fernández, alias Doblecero, un comandante tan fiero como educado: nacido en Medellín, en un hogar de clase media, recibió una sólida educación con los padres jesuitas en el colegio de San Ignacio de Loyola y estuvo en el Ejército Nacional, donde brilló. Abandonó sus filas con la creencia de que para acabar a las guerrillas era más expedito el camino de la ilegalidad. Trazó con Carlos Castaño la más cruenta ofensiva en este punto del departamento.

Con una geografía de postales, la región pasó a ser escenario de ríos de sangre que empezaron a correr por Marinilla, El Peñol, El Retiro, Sonsón, El Santuario. Los miembros de esta organización de extrema derecha aparecieron en Guatapé de la noche a la mañana. Se instalaron en Casa Posada, en el centro del pueblo. Estaban al mando de alias Sticker, quien puso una mecedora desde donde miraba a la gente que pasaba por el parque central.

Casi no hablaba, apenas susurraba. Sus hombres salían armados y volvían con la misión cumplida. Las mujeres mayores se persignaban al escuchar las historias y pasaban las cuentas del rosario pidiendo a Dios que cesaran las malas nuevas: que al señor de la tienda de la esquina lo mataron porque les había vendido gaseosas a dos supuestos miembros de la guerrilla; que a la enfermera de un hospital la asesinaron por reportar a la policía la llegada de unos heridos a bala; que ‘Sticker’ levantaba el rostro y con un gesto de los labios señalaba a una víctima para que se la llevaran a un carnicero de las AUC que sentía placer al desmembrar personas.

Ángela Escobar no les tenía miedo. Porque ella, creía, no había hecho nada malo y porque carecía de interés por la política. Ella también pensaba que eso era una guerra entre paramilitares y guerrilleros. Sin embargo, un día golpearon a su casa.... Para seguir leyendo haga click aquí

 

 

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

Síguenos
Please reload

Buscar por tags