• Staff ¡PACIFISTA!

Fundir y martillar las armas de las Farc: este fue el acto de catarsis de las víctimas


“Las rayas que dejaba en las láminas significaban las cicatrices que me dejó el conflicto", dijo una de las mujeres que participó en la elaboración del "contra-monumento".

Una casa colonial de adobe que data del año 1500, al sur de la casa de Nariño, tiene incrustado en un muro un letrero que dice “Fragmentos”. Las letras son huecas y al fondo se puede ver algo de lo que hay adentro. Con armas fundidas de la guerra se hicieron 1.300 placas de metal negro, que cubren los 800 metros cuadrados de la edificación. El metal de las placas en el piso parece arrugado, como si fuera papel. A estas placas en el piso le dieron forma 20 mujeres víctimas de violación sexual durante el conflicto armado.

Esta casa colonial albergará, además, tres salones para exposiciones itinerantes. Los artistas que inaugurarán estos salones serán Oscar Murillo y Clemencia Echeverri. La exposición estará abierta a todo el público durante 53 años, el mismo periodo que duró el conflicto armado en el país. Salcedo decidió que ‘Fragmentos’ no sería un monumento, sino un ‘contra monumento’, pues no busca glorificar las armas ni a los actores de la guerra.

Todo esto empezó cuando el presidente Juan Manuel Santos le encargó a Doris Salcedo hacer tres monumentos con las armas de las Farc. La maestra decidió contactar a la Red de Mujeres Víctimas y Profesionales —de la que hacen parte 665 mujeres de todo el país— para escuchar sus historias. Su primera obra, dijo, quería que se enfocara en las mujeres que sufrieron las adversidades del conflicto.

A comienzos de junio, algunas de ellas, a petición de Salcedo, enviaron sus historias de violencia sexual para que la artista se imaginara la obra a partir de sus testimonios. Al final, Salcedo eligió a 20 mujeres que representaban todas las caras de la guerra: mujeres de lugares afectados por el conflicto como Antioquia, Bajo Cauca, Meta, Soacha e indígenas de la etnia Embera-Katío.


La cita fue en un taller de Salcedo y, durante dos días, las mujeres víctimas tuvieron un proceso de reconstrucción personal para crear junto a la maestra una obra colectiva para los colombianos. Les dieron unos tapa oídos, unos guantes y una especie de macetas que funcionaban como un martillo y con éste golpearon unas láminas de acero. Las desfiguraron y luego las volvieron a formar como simbolizando su reconstrucción personal.

“Mientras martillábamos, me quité en un momento los tapa oídos y el sonido me hizo recordar la guerra que me tocó vivir, era un ruido ensordecedor” me contaba Ángela María Escobar, una de las líderes de la Red y la representante legal. Ella sentía que cada golpe que daba era un golpe por cada mujer víctima del conflicto.

Las láminas las volteaban para seguir golpeándolas por todos los lados, era una sensación “de rabia y de alegría”, contaba, con firmeza, Ángela. Ella recordó y e intentó sanar las heridas de aquel momento en el que tres paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) la violaron y golpearon en el oriente Antioqueño, en Guatapé. Quería que su dolor se quedara en las láminas que se fundirían más tarde con las armas de la guerrilla desmovilizada.

“Las rayas que dejaba en las láminas significaban las cicatrices que me dejó el conflicto. Luego machucaba las cicatrices y eso me daba una satisfacción. Luego volvía a arreglar las cicatrices”, contaba Nancy Gómez, otra de las participantes en la obra de Salcedo e integrante de la Red de Mujeres.


Algunas de las mujeres víctimas de violencia sexual durante el conflicto armado y participantes de la obra ‘Fragmentos’

La cita fue en un taller de Salcedo y, durante dos días, las mujeres víctimas tuvieron un proceso de reconstrucción personal para crear junto a la maestra una obra colectiva para los colombianos. Les dieron unos tapa oídos, unos guantes y una especie de macetas que funcionaban como un martillo y con éste golpearon unas láminas de acero. Las desfiguraron y luego las volvieron a formar como simbolizando su reconstrucción personal.

“Mientras martillábamos, me quité en un momento los tapa oídos y el sonido me hizo recordar la guerra que me tocó vivir, era un ruido ensordecedor” me contaba Ángela María Escobar, una de las líderes de la Red y la representante legal. Ella sentía que cada golpe que daba era un golpe por cada mujer víctima del conflicto. Para seguir leyendo, presione aquí



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